lunes, 7 de diciembre de 2009

Volver a la Senda Antigua


Por Néstor Martinez

En Jeremías 2:32, leemos: ¿Se olvida la virgen de su atavío, o la desposada de sus galas? Pero mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables días, (La virgen y la desposada, aquí, son el prototipo de la iglesia. A ella va la queja divina del olvido).

En el mismo libro, pero en 18:15, Dios expresa: Porque mi pueblo me ha olvidado, incensando lo que es vanidad, y ha tropezado en sus caminos, en las sendas antiguas, para que camine por sendas y no por camino transitado.

Parecería haber un contrasentido aquí. Por un lado, dice que debemos volver a las sendas antiguas, en tanto que por el otro, señala que no debemos caminar por sendas transitadas. Sería contradictorio, efectivamente esto, si lo tomáramos de un modo literal. Pero no lo es por una razón muy simple: las sendas antiguas, son aquellas de la iglesia primitiva, la que vemos en el Libro de los Hechos, la que vivía por fe y sin saber lo que sucedería al minuto siguiente.

Indudablemente que no es esta, la que vemos mayoritariamente hoy, en la que todo es previsible, que a veces es exageradamente ordenada, que por momentos llega a ser humanamente controlada, la que no se aparta jamás de un "orden de culto", que nadie sabe quien caracoles inventó, la que ha terminado adorando la estructura que armó, por encima del Creador de la vida, la que centra sus mayores expectativas en sus templos o sus denominaciones, que en la Presencia del Dios viviente en ellos.

Todo esto es lo que se llama aquí "Camino Transitado", prefijado, previsible, rutinario. Senda antigua, por ejemplo, es la iglesia de las casas de familia, aunque no exclusiva ni definitivamente, la de los espacios abiertos, aquella iglesia subterránea de países musulmanes, la que no negocia con la sociedad impía privilegios o prebendas oficiales, ni tampoco con el orden religioso estructural, ya sea oficial como propio.

Por eso es que en Jeremías 17:10, Dios añade: Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su corazón, según el fruto de sus obras.

Sin embargo, donde mejor se expresa esto con mayor claridad conforme al pensamiento de Dios y lo que podemos ver con cotidiana realidad, está en Oseas 8:4: Ellos (Está diciendo "mi pueblo", "mi iglesia"), establecieron reyes (O sea: gobiernos, liderazgos,) pero no escogidos por mí; constituyeron príncipes (Que son liderazgos secundarios) mas yo no lo supe; de su plata y de su oro (Esto es, de su potencial económico, iglesia) hicieron ídolos para sí (Te recuerdo que Ídolo es cualquier cosa que tome el primer lugar reemplazando a Dios. Dinero, poder, política, filosofía, intelectualismo, ciencia, acción social, status religioso) para ser ellos mismos destruidos.

Es una pintura, esta, que se adapta bastante a lo que tú y yo podemos ver a nuestro alrededor sin caminar demasiado. Y no sería tan dramática si no fuera por la contundencia de la última palabra del texto bíblico. ¿Dice Destruidos? Sí. ¿Exagerará Dios? Mi Dios no exagera nunca, el tuyo no lo sé.

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